HISTORY OF SPAIN: LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA

Desde 1927 el régimen había intentado institucionalizarse mediante la convocatoria de una Asamblea Nacional Consultiva. Elaboran un anteproyecto de Constitución, sin separación de poderes, ni soberanía nacional, con gran capacidad de intervención para el rey y una sola Cámara (se suprimía el Senado) formada por 400 miembros, de los cuales la mitad eran de elección real. Este proyecto, leído en 1929, no fue bien acogido y el plebiscito que Primo preparaba para su apoyo no fue secundado por las fuerzas políticas (incluyendo al PSOE y UGT).
   A partir de 1929, la situación se agravó con la crisis económica a nivel mundial; que si bien no repercutió en España como en otros lugares (Wall Street), porque nuestro país no tenía grandes intereses en los mercados internacionales, ni tenía tanta dependencia del crédito internacional, sí vio como gran cantidad de capitales extranjeros eran retirados; si a ello unimos una balanza comercial desequilibrada y una Hacienda deficitaria, debido al aumento del gasto público ocasionado por la política económica del régimen, ocasionó la pérdida del valor de la peseta. El fracaso de la política económica se saldó con la dimisión en 1930 del ministro de Hacienda J. Calvo Sotelo.
   Además, se reavivan los conflictos sociales con la reorganización del movimiento obrero. Por ello, Primo de Rivera consultó a los mandos militares sobre su permanencia en el poder. En vista del escaso apoyo recibido, y dado que estaba enfermo, el general dimitió el 28 de enero de 1930; muriendo unos meses después en París, durante su exilio.

   Esa dimisión no agradó al rey, con el que no se había contado. Encargó entonces a  Berenguer la formación de un nuevo gobierno, con el objetivo puesto en salvar la monarquía y establecer la normalidad constitucional. Pero, tras el paréntesis de la dictadura, era imposible volver a la situación anterior, pues muchos políticos se proclamaron republicanos.
   En agosto de 1930 se firma en San Sebastián un Pacto entre partidos republicanos y regionalistas. Del mismo saldría un comité revolucionario encabezado por Niceto Alcalá Zamora, que tenía como misión organizar el cambio del régimen basado en la derrota de la Monarquía y en el establecimiento de la República.
   En octubre el PSOE, presionado por sus bases, se une al Pacto. La CNT aprueba el movimiento y el 12 de diciembre se produce una sublevación en Jaca, mal preparada, que se salda con el fracaso y el fusilamiento de los capitanes que se hallaban a la cabeza (Galán y García Hernández). Habrá una nueva en la Base de Cuatro Vientos, mientras en las ciudades se incrementa el desorden público.
   La idea del Gobierno era convocar elecciones legislativas a fines de 1931, proyecto que se viene abajo cuando los firmantes del Pacto anuncian su no participación. Esto provoca la caída de Berenguer y se encarga la formación de un nuevo gobierno a J. Bautista Aznar, quién acuerda convocar elecciones municipales el 12 de abril (previas a otras generales, en las que incidirían).
   Pero la idea de Aznar falló (con las elecciones municipales pretendía volver al viejo sistema caciquil, con el que ganaría las generales…), pues la participación de las fuerzas antimonáquicas, con una propaganda y mítines que les superaron en organización y participación popular, tuvieron como resultado el triunfo de esta coalición republicano-socialista en las principales ciudades del país (41 de las 50 capitales), aunque sólo consigue el 49’5 % del total. Por lo que, al proclamarse los resultados, el 14 de abril de 1931, con el pueblo en las calles, Alfonso XIII abandona España y se proclama la Segunda República.



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