PHILOSOPHY TODAY: LA ILUSIÓN EOCOLÓGICA


Las formas de producción y nuestros hábitos de consumo son los que en última instancia han provocado los problemas actuales, y queremos arreglar el planeta sin que nuestras formas de vida sean modificadas. Además nuestro deseo es que duren el mayor tiempo posible. Todos hablamos de buscar soluciones, pero todos continuamos haciendo lo mismo. Los logros de la civilización producen una dependencia en la medida que su ausencia es percibida como un peligro vital y la idea de renunciar a ella provoca pánico y desesperación, mientras que la idea de que todo siga igual provoca esperanza y optimismo.
Existe además una idea equivocada de fondo que es pensar que los riesgos y catástrofes que se derivan de la civilización industrial no son sino defectos que se pueden corregir, o que se pueden arreglar sin disminuir el nivel de vida y de civilización. Si nos fijamos en la legislación de los países industriales, observamos como siempre intentan respetar el medio ambiente sin modificar el hábito de los consumidores. En ello radica la falsedad de la civilización occidental, tras más de cien años de progreso, empezamos a ver la devastación que ha producido dicha civilización, pero seguimos insistiendo en que son solamente estas sociedades industriales las que están en condiciones de reparar los daños ocasionados. El intento está condenado al fracaso.
Es claro que podemos elaborar planes para la Tierra en su conjunto pero como vemos, estos planes no tienen el mismo grado de apoyo en Pekín, Londres o Uruguay. De todas las debilidades de las políticas medioambientales la más perjudicial es la que considera que las cosas se tienen que quedar tal cual, o si es posible, que mejoren más todavía. Los países industriales constituyen una cuarta parte de la población mundial consumen las tres cuartas partes de los recursos mundiales y no tienen intención alguna de renunciar a sus pretensiones o de variar su forma de vida. Los países en vías de desarrollo, que abarcan las tres cuartas partes de la población mundial, sólo consumen una cuarta parte de los recursos mundiales y albergan la esperanza de participar, en mayor medida, de las bendiciones de la civilización. Si a estos países se les ocurriera exigir la parte de bienestar que les corresponde por derecho, por el simple hecho que han sido ellos quienes han proporcionado durante siglos las materias primas necesarias para el bienestar occidental a cambio, de unas cuantas cuentas de vidrio y de algunos medicamentos, esa empresa que es el mundo se vería obligada a declararse en bancarrota. De lo cual podemos deducir que los países industriales están abocados a procurar, a fin de evitar la quiebra, que la mayor parte de la humanidad no viva bajo condiciones bastante menos confortables que las de los países desarrollados.
Así pues, las cosas seguirán su curso: los países industriales continuaremos devastando la Tierra, continuarán extinguiéndose para siempre en la Tierra los últimos vestigios de culturas admirables y el Tercer Mundo continuará destruyéndose por culpa de su deseo, tan comprensible, de vivir en la opulencia como los conquistadores de ayer y los señores del comercio de hoy.
¿Qué tiene que ocurrir para que esto cambie? Tan solo la pobreza será capaz de salvarnos. Sólo cuando carezcamos de medios para abusar a gran escala de los recursos, como hemos estado haciendo durante más de cien años, será quizá posible que aparezca una nueva forma de vida en la que nuestros errores, alcancen una magnitud limitada de tal modo que la propia naturaleza sea capaz de corregirlos.
¿Podemos hacer alguna cosa al respecto? Pues sí, podemos reciclar, podemos utilizar filtros de agua para consumir menos, podemos llevar la basura a los diferentes contenedores, pero no para calmar nuestra propia conciencia, sino como una forma de protesta desesperada contra todos los que no hacen nada al respecto, sean estos políticos, técnicos, legisladores, industriales,………

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