EUROPEAN HISTORY: EL ANFITEATRO ROMANO. TORNEOS DE GLADIADORES(I)


En la sección european history analizamos hoy el anfiteatro romano. Los romanos eran muy apasionados de los juegos circenses ya que no estaba muy clara la separación entre actor y espectador. En cambio, en el anfiteatro, había unos sucesos que ocurrían en la arena, y la gente no participaba del espectáculo. Por eso resultaba mucho más difícil entretenerle y darle satisfacción. Debido a esta circunstancia, se llevaron a cabo los mayores esfuerzos para que en el anfiteatro, además del espectáculo, se desplegara un lujo verdaderamente fantástico en cuanto a la presentación.
Los combates de gladiadores surgieron en la Campania entre los condenados a muerte cuando eran conducidos a la tumba, se celebraban no sólo en los entierros, sino también para divertir a los comensales en las fastuosas comidas que celebraban. De la Campania pasaron a la Etruria, pero eran desconocidos en el Lacio. Las primeras noticias que tenemos en Roma aparecen quinientos años después de fundarse la ciudad, y hasta el siglo II a.c. solo se celebraban para conmemorar entierros. Con el tiempo, este espectáculo, raro al principio, se fue haciendo cada vez más frecuente, y cuanto más se repetía, mayor esplendor había en su presentación y en la cantidad de vidas humanas sacrificadas con él.
El afán de halagar a la gente para conseguir sus favores y los manejos demagógicos impulsaron a los promotores de fiestas, en los últimos años de la república a realizar esfuerzos cada vez mayores. Julio Cesar llegó a comprar tantos gladiadores para las fiestas que se proponía organizar cuando era edil, que sus adversarios empezaron a preocuparse y consiguieron que se dictase un senadoconsulto por el cual se fijaba un máximo de gladiadores que un simple particular pudiera poseer. A pesar de esto, Cesar sacó a la arena 320 parejas de gladiadores. Augusto ordenó que los pretores sólo pudieran organizar juegos con gladiadores dos veces al año y que el número de combatientes no podía exceder de 120.
A medida que aumentaba el número de gladiadores crecía también la presentación y el esplendor de todos los juegos. Bajo la república desfilaron en estos sangrientos juegos galos, samnitas, tracios, gente de Britania, germania, árabe y negros del interior del África. En el desfile triunfal celebrado por Aureliano en el año 274 marchaban delante del carro del emperador, con las manos atadas, godos, alanos, rojolanos, sármatas, francos, suevos, vándalos y germanos; desfilaron también como prisioneros un grupo de rebeldes egipcios y diez mujeres apresadas cuando luchaban en las filas godas vestidas de hombres. Una parte de estos prisioneros estaban condenados a pelear en los juegos que seguían al desfile. Los gladiadores se enfrentaban unos con otros y combatían por parejas o en formaciones enteras.
Pero llegó un momento en que ni la emoción de los espectáculos sangrientos ni el fantástico esplendor de la puesta en escena bastaban para excitar a la gente. Era necesario aguzar la imaginación para inventar las cosas más raras, las cosas más absurdas y monstruosas.

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