HISTORY OF SPAIN: EL RÉGIMEN POLÍTICO FRANQUISTA


La historia política de España, en el período comprendido entre 1939 y 1975, presenta un carácter constante: la dictadura personal del general Francisco Franco. Este poder personal arranca del decreto del 29 de septiembre de 1936 en el que se nombraba a Franco Generalísimo del ejército y Jefe del Gobierno del Estado Español. Este nombramiento constituía una delegación de poderes políticos y militares realizada por la Junta creada por los militares sublevados el 18 de julio de 1936. El decreto de septiembre de 1936 no fijaba un límite temporal a la acumulación de poderes en manos de Franco y fue confirmado por un nuevo decreto del 9 de agosto de 1939.
Ambos decretos concentraban en Franco el mando supremo del ejército, el poder ejecutivo y el supremo poder legislativo, con la facultad de elaborar y promulgar leyes y decretos. Franco retuvo hasta su muerte en 1975 todos estos poderes, aunque a partir de junio de 1973 delegó la jefatura del gobierno, primero en el almirante Carrero Blanco y después en Carlos Arias Navarro. Franco ejerció siempre sus poderes de una forma directa y personal, sin atarse a ningún grupo político, pero se sirvió de todas aquellas personalidades y tendencias que le parecieron más oportunas en cada momento.
Y es que, a lo largo del período franquista no dejaron de manifestarse diversas tendencias políticas que aceptaban el poder supremo de Franco y colaboraban con él. A sus integrantes acudió Franco para nombrar a sus ministros y para reclutar el personal auxiliar de sus gobiernos. Pero el acceso al poder de las distintas personalidades y tendencias dependía sólo de la voluntad personal de Franco, que nombraba y sustituía a sus colaboradores como y cuando lo creía oportuno, sin dar explicaciones a nadie. Por este motivo es posible caracterizar las distintas etapas de la historia política del franquismo según las tendencias de las personas a las que el jefe del estado había concedido su confianza. Porque Franco concedía un amplio margen de confianza a sus ministros; pero, además, él mismo actuaba siempre de supremo árbitro entre ellos, si existían divergencias.
Por otra parte, cualesquiera que fuesen las tendencias de los que ocupaban cargos en el gobierno, todos sabían que existían unas pautas y unos límites marcados por el propio Franco que nadie podía rebasar.
Las pautas básicas del régimen franquista estuvieron dictadas siempre por las peculiares ideas políticas del general. Éstas no se caracterizaban ni por la sofisticación ni por la sutileza: se trataba de unas pocas ideas muy claras. Ante todo, Franco tenía una obsesión, típicamente militar, por el mantenimiento del orden público. A ello hay que añadir: un exaltado nacionalismo español, un catolicismo tradicional muy arraigado, como base de los valores en que debía apoyarse la sociedad, y un autoritarismo convencido. Esto se completaba con una concepción totalmente centralizada y unitaria del Estado español.
Estas ideas excluían de forma tajante una serie de principios políticos, que fueron rechazados siempre por el franquismo. Así, éste se declaró contrario a la democracia liberal parlamentaria y a sus principios básicos (libertad de expresión, de reunión y asociación). Por este motivo el sistema siempre intentó mantener algún tipo de control sobre la información y nunca permitió la creación de partidos políticos y de sindicatos libres. A esto se unía una verdadera obsesión contra las tres fuerzas consideradas por Franco “enemigas de España”: la masonería, el comunismo y el separatismo (término que englobaba las distintas variantes de los nacionalismos: catalán, vasco, gallego,….).

Comentarios

Entradas populares