PHILOSOPHY TODAY: SÓCRATES


Sócrates fue un personaje que perteneció al ambiente cultural y filosófico de los sofistas, a los que combatió enérgicamente. Con ellos comparte su interés por el hombre, por las cuestiones políticas y morales. De ellos se distingue fundamentalmente en tres aspectos: a) no cobra por sus enseñanzas b) adopta un método totalmente opuesto (los sofistas preferían pronunciar largos discursos y comentar textos de autores antiguos. Sócrates rechaza ambos métodos; los largos discursos impiden discutir paso a paso las afirmaciones del orador; y los textos antiguos porque no es posible preguntar a sus autores). A la vista de estas objeciones está claro que el único método válido para Sócrates ha de ser el diálogo, y c) aporta a los temas político-morales unas soluciones radicalmente nuevas.
Los sofistas insistían en la falta de unanimidad de los hombres respecto de qué es justo e injusto, lo bueno y lo malo. El relativismo, actitud general de los sofistas, quedaba así consagrado respecto de los conceptos morales. A Sócrates no le satisfacía este relativismo. Pensaba Sócrates, si cada uno entiende por justo y por bueno una cosa distinta, si para cada uno las palabras bueno y malo, justo e injusto poseen significaciones distintas, la comunicación y la posibilidad de entendimiento entre los hombres resultará imposible. Por lo tanto, la tarea más urgente es la de restaurar el valor del lenguaje como vehículo de significaciones objetivas y válidas para toda la comunidad humana. Para ello se hace necesario tratar de definir con rigor los conceptos morales (justicia, etc), empresa a la que Sócrates dedicó toda su vida.
Como hemos dicho anteriormente, es necesario definir con precisión los conceptos para restablecer la comunicación y hacer posible el diálogo sobre temas morales y políticos. Es necesario definirlos con exactitud, además, por una segunda razón: y es que, según Sócrates, solamente sabiendo qué es la justicia se puede ser justo, solamente sabiendo qué es bueno se puede obrar bien. A esto se denomina intelectualismo moral, que puede ser definido como aquella doctrina que identifica la virtud con el saber. Este modo de concebir la moral resultará chocante, e incluso rechazable para otros; estamos habituados a ver personas ignorantes que son buenas y obran con rectitud, aun cuando no sepan definir qué es bueno y qué es rectitud. Al mismo tiempo estamos igualmente habituados a ver personas con mucho conocimiento de conducta reprobable. La doctrina socrática es ciertamente chocante.
Los griegos solían distinguir dos ámbitos generales en el saber: el saber teórico o teorético y el saber de tipo práctico. Dentro de este último distinguían a su vez, los saberes encaminados a la producción de objetos y el saber encaminado a regular la conducta individual y social. La relación existente entre estos tipos de saberes fue analizada de muy diferente forma por los filósofos griegos. Sócrates tomó siempre el saber productivo, técnico, como modelo para su teoría del saber moral.
El intelectualismo moral lleva a la paradoja. Un buen arquitecto es aquel que sabe hacer edificios. Por tanto, aquel que sabiendo hacer edificios lo hace mal intencionadamente es mejor arquitecto que el que lo hace mal porque no sabe hacerlo bien. El sentido común y la sensibilidad moral se rebelan ante esta conclusión inevitable. Una consecuencia notable del intelectualismo moral es que en esta teoría no hay lugar para las ideas de pecado y de culpa. El que obra mal no es en realidad culpable sino ignorante. Un intelectualismo moral llevado a sus últimas consecuencias traería consigo la exigencia de suprimir las cárceles: al ser en realidad ignorantes, los criminales habrían de ser enviados no a la cárcel, sino a la escuela.

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