HISTORY OF SPAIN: ESPAÑA FRAGMENTADA


La fragmentación de la sociedad española se hizo evidente a partir de febrero de 1936 cuando los resultados electorales complican el diálogo democrático por la radicalización de las posiciones. Inmediatamente después del triunfo de las candidaturas del Frente Popular empiezan a gestarse conspiraciones para acabar con el régimen por parte de sectores militares de alta graducación, de ideología monárquica y conservadora, básicamente católicos y que en buena parte, hicieron su carrera militar en la Guerra de Marruecos. Eran los que recibían el nombre de africanistas que, desde los primeros años de la República, se mostraron recelosos ante las reformas militares de Azaña y que no llegaron a aceptar nunca ni los excesos revolucionarios de los anarquistas y de la FAI y de algunos sectores del socialismo, ni aceptaron nunca la cesión de autonomía a Cataluña, y posteriormente a Galicia y el País Vasco.
Con el apoyo de los carlistas y de determinados sectores alfonsinos, con el beneplácito de buena parte de la derecha tradicional y con la colaboración de las organizaciones fascistas, como Falange Española, estos sectores militares preparaban un golpe de Estado, inspirado por el general Sanjurjo y dirigido por el general Mola, que estalla en Marruecos el 17 de julio de 1936 y al día siguiente se extiende, con suerte distinta, por todo el Estado. La reacción de las fuerzas militares leales a la República, con la decisiva colaboración de las milicias de los partidos del Frente Popular, condenan la sublevación al fracaso en las grandes ciudades, a pesar de que triunfa en Galicia, Navarra, Aragón, y el norte de Castilla.
¿Cuál fue la actitud de la Iglesia? La República se había caracterizado por separar de forma radical la Iglesia del Estado. La Constitución prohibía a la Iglesia el ejercicio de la docencia y dejaba claro que ninguna institución pública podía ayudar a ninguna asociación religiosa, al mismo tiempo que se suprimía la partida presupuestaria dirigida al clero. Además, el anticlericalismo que se manifestaba cíclicamente en la historia de España había surgido con fuerza desde el año 1931. Estas circunstancias unidas al hecho del miedo que tenían por una posible implantación de un régimen marxista en España, hicieron que la jerarquía eclesiástica diera su apoyo al levantamiento militar hasta el punto de ser considerada como una cruzada. Hubo pocas voces discordantes. Una de ellas fue Fidal i Barraquer arzobispo de Tarragona, que se opuso a firmar el documento del episcopado, que además intentó que el Vaticano adoptara una postura pacificadora. Murió en el exilio porque Franco no permitió su retorno a Tarragona.
Sólamente en el País Vasco le Iglesia, fuertemente anclada en los sectores nacionalistas, se mantuvo fiel a la legalidad republicana, entre otras causas porque nunca existió persecución religiosa en el País Vasco.

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