HISTORY OF SPAIN: JUAN GRIS


La carrera de Juan Gris es mucho más breve que la de cualquiera de sus compañeros de generación cubista. Nace en Madrid el 23 de marzo de 1887. Era el hijo número trece del matrimonio de Gregorio González e Isabel Pérez. Su familia era acomodada, y por lo tanto, disfrutó de una infancia típica burguesa.
Llega a París con lo mínimo. El París de 1906 era todavía el de los hombres con sombrero de copa y botines puntiagudos, de las mujeres con mangas de Jamón y faldas ceñidas al talle, el París de los ómnibus y de los coches de punto. Empieza allí una vida de luchas y privaciones que jamás dejará que se enteren sus familiares. El taller de Gris está situado en el número 13 de la calle Ravignan. El taller de Gris era muy pobre, desnudo, desordenado y sucio. Sin embargo, no era diferente de los otros muchos que formaban el conjunto de talleres y estudios situados en el número 13. Gris no dejará este taller hasta 1920. Además de Picasso y Braque, con los que convive conoce a un gran número de artistas y poetas. Ahora bien, Juan Gris no participa de la vida bohemia que se desarrolla en Montmartre.
Hacia 1910 abandona el naturalismo y se aproxima a una técnica ligada estrechamente al cubismo. Las primeras pinturas al óleo datan de 1911. La influencia de Cézanne resulta evidente. A partir de entonces renuncia a su medio de subsistencia, la ilustración, para dedicarse en exclusiva a la pintura.
A partir de la primera Guerra Mundial atraviesa un período de profunda crisis y pesimismo pues sus mejores amigos, Derain y Vlaminck, se encuentran en el frente, y otros se hallan heridos en hospitales, como Braque, que se debate entre la vida y la muerte. Su cubismo se vuelve más estático y racional La pureza y austeridad de su pintura son admirables, expresión perfecta de clasicismo. Nada es improvisado, dejado al azar, ni tampoco hay concesiones a lo pintoresco.
A causa de los bombardeos ha de abandonar París, estableciéndose con su segunda mujer, Josette, en Beaulieu, cerca de Loches, donde se reúnen con ellos numerosos artistas. En enero de 1920 expone algunos cuadros en la “Section d’Or” de París y después en el “Salón de los Independientes” y en la Galería Moos, de Ginebra. Ya empiezan a manifestarse los primeros síntomas de la enfermedad que le llevará a la muerte, y debido a una grave pleuresía tiene que ingresar en el hospital de Tenon, donde permanecerá hasta el mes de agosto, en que es dado de alta. Pasa su convalecencia en Beaulieu y después en Bandol.
Se traslada a parís, donde permanece hasta el otoño. El médico le aconseja una estancia en Céret, permaneciendo hasta mediados de abril. En octubre debe someterse a una operación quirúrgica que le obliga a permanecer un tiempo en el hospital. A pesar de su enfermedad, consigue recuperarse y trabaja con renovada ilusión para los ballets rusos de Diaghilev, realizando los decorados y figurines de un ballet Luis XIV.
A partir de 1924 su nombre se empieza a conocer no sólo en Francia, sino también en Alemania. Gracias a ellos obtiene un bienestar económico que le da tranquilidad y las confianzas necesarias para iniciar sus obras de mayor pureza, profundidad y audacia.
Ahora bien su salud empeora y no acaba nunca de reponerse de su pleuresía. En Tolon sufre horribles accesos de fiebre. La crisis de asma impide al artista un trabajo continuado. Su estado es cada vez más grave y tienen que dirigirse precipitadamente a París. El 11 de mayo de 1927 muere Juan Gris.
A continuación vamos a analizar una obra de Juan Gris. La obra escogida es “Naturaleza muerta sobre mantel a cuadros”. En este cuadro la distorsión de las formas se hace cada vez más dinámica. Todo se confunde en un lirismo musical, aunque identificamos las uvas, el periódico, el instrumento, el mantel a cuadros de la mesa que da título al cuadro. Muchos se preguntan si estas obras realizadas en 1915, son el efecto de la turbación de Gris ante la guerra recién comenzada, o si bien, Gris se ha inclinado un instante sobre el abismo de la pintura abstracta, tratando de crear formas en movimiento. Lo cierto es que los objetos, en vez de levantarse sólidos e inmutables, colocados perpendicularmente sobre el rectángulo de la mesa, en este cuadro, unidos a sus paredes, han perdido pie, dando vueltas en un remolino sin fin. No se les reconoce a todos. Algunos son mostrados de frente, otros vistos desde arriba. Algunas siluetas negras y algunas formas luminosas aumentan el tumultuoso desorden. Un nuevo expediente pictórico aparece, y es el de rellenar determinadas superficies con punteados, moteados, manchitas que disminuyen un tanto el rigorismo total. No hay cuadro suyo que no sea un prodigio de sensibilidad, una obra bien hecha, ya sea con una técnica o con otra, perteneciente a una época o a otra. Y es que todas reflejan el carácter del autor, su fuerte personalidad, que combina un frío racionalismo con una tremenda sensibilidad.

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