HISTORY OF SPAIN: "La Coronación imperial de Alfonso VII"


Y en el día señalado llegó el rey en compañía de su esposa doña Berenguela y de su hermana la infanta doña Sancha y de García, rey de Pamplona. Y según lo había preceptuado el rey, todos se concentraron en León. Allí concurrió también una gran muchedumbre de monjes y clérigos así como un gran número de plebeyos bien para ver u oír o tal vez recitar oraciones divinas.
En el primer día del concilio todas las jerarquías mayores y menores se reunieron con el rey en la iglesia de Santa María y allí trataron aquellos asuntos que la propia inspiración de nuestro señor Jesucristo les sugirió y aquellos otros que son convenientes para la salvación de las almas de los fieles. En el segundo día en que se celebraba la festividad de la venida del Espíritu Santo a los apóstoles, se reunieron por segunda vez en la iglesia de Santa María los arzobispos, obispos, abades, nobles, innobles y toda la plebe, junto con el rey García y con la hermana del rey y siguiendo la voluntad divina nombraron al rey Alfonso emperador; por todo lo cual el rey García y el rey de Zafadola de los sarracenos y el conde Raimundo de Barcelona y el conde Alfonso de Toledo y muchos condes y duques de Gascuña y Francia le deberían prestar obediencia absoluta. Vestido el rey con una hermosísima capa bordada con gran primor, colocaron sobre sus sienes una corona de oro puro cuajada de piedras preciosas y después de poner el cetro en sus manos sosteniéndolo el rey García por el brazo derecho y el obispo de León por el izquierdo, lo trasladaron ante el altar de Santa María en medio de una comitiva formada por obispos y abades cantando hasta el final el “Tedeum laudamus” y diciendo “¡Viva Alfonso emperador!”; y una vez impartida la bendición sobre él mismo, celebraron misa solemne. Y luego cada uno regresó a su residencia. Pero él ordenó celebrar un gran banquete en el palacio real, siendo los condes, príncipes, y duques los servidores de la mesa real. Ordenó también el emperador que se dieran generosas gratificaciones a los obispos, abades y demás, y ordenó a su vez entregar abundantes limosnas de trigo y ropas a los pobres.

Chronica Adefonsi imperatoris

Comentarios

Entradas populares