EUROPEAN HISTORY: GALILEO CONTRA LA IGLESIA


La interpretación literal de la Biblia era, desde luego, contraria al sistema copernicano (sólamente tenemos que pensar en la orden de detención del Sol por parte de Josué). La interpretación oficial (basada en el aristotelismo) no lo era menos. Sin embargo, la Iglesia aceptaba de buen grado toda innovación positivista. Pero Galileo era realista.
En 1615 Galileo da a conocer su carta a Cristina de Lorena, gran duquesa de Toscana. En esta famosa carta, se afirman tres cosas, a cual más grave:
Separación de poderes entre Iglesia y Ciencia: cada uno tiene su ámbito propio, y no debe inmiscuirse en terreno ajeno
Aparente contradicción. Galileo pretende que el milagro de Josué se entiende mejor dentro del sistema copernicano
En teología se afirma que no puede ser considerado herético aquello que antes no se demuestre ser imposible y falso; pide, pues, una demostración de la falsedad de su sistema (es un ingenioso sofisma: los eclesiásticos tendrían que actuar como científicos).

La respuesta no se hizo esperar: en 1616 era colocado en el Indice de libros prohibidos el De revolutionibus de Copérnico, y Galileo intimado por el cardenal Belarmino a no defender en público el sistema copernicano. La reacción de Galileo consistió en publicar, en 1632, los Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo. En estos diálogos, la opinión aristotélica se ponía en boca de Simplicio (una mal velada especie de “payaso de las bofetadas”), siempre rebatido y ridiculizado por Salviati (portavoz de Galileo), con la aquiescencia de Sagredo (personificación del espectador culto e imparcial). Aún más: un argumento personal del papa Urbano VIII era puesto en boca de Simplicio, para ser demolido a continuación.
Era demasiado: en 1633 se prohibieron los Diálogos, se obligó a Galileo a abjurar (no parece probable que el anciano tuviera valor para susurrar a su perro eppur si muove, como dice la leyenda), y se dictó prisión perpetua contra él (dulcificada después por la reclusión en la villa de Arcetri). Galileo, quebrantado y casi ciego, respondió de la única forma que sabía: publicando clandestinamente, en Holanda, uno de los libros más importantes de la historia del pensamiento: las Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias (1638). Estas ciencias son la estática y la dinámica. La primera sigue los pasos de Arquímedes; la segunda es obra personal de Galileo, y lo sitúa entre los grandes genios de la humanidad.

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