EUROPEAN HISTORY:LAS RAICES CULTURALES DEL NACIONALISMO ALEMÁN


El Congreso de Viena materializó, bajo la influencia de lo que se ha llamado Europa de la reacción, la definitiva disolución del Sacro Imperio Romano Germánico. Ya en 1803, con el Tratado de luneville, Napoleón impuso la secularización de los territorios eclesiásticos, favoreciendo su integración en los estados alemanes del Suroeste. Baviera, Württemberg, Badem y Colonia. Su interés era, entre otros, el de crear estados tapón entre el Imperio Austro-Húngaro de los Habsbrugo y Francia.
A consecuencia de estos tratados un inmenso cosmos político de más de 300 territorios independientes, 1400 feudos de caballeros imperiales y otras tantas ciudades libres que formaban el Sacro Imperio Romano Germánico quedaron reducidos a 39 unidades políticas en el Congreso de Viena del 8 de julio de 1815.
A principios del siglo XIX, los estados alemanes presentaban una situación política y social, profundamente influenciada por el luteranismo, y su movimiento más radical el pietismo, que siempre había aconsejado a los súbditos alemanes la obediencia debida a los gobiernos y autoridades queridas por Dios. Por otro lado, la política ilustrada de los monarcas alemanes “Aufklärung”, fomentaba una actitud claramente abstencionista de los súbditos hacia la política de sus gobiernos: todo se esperaba de la espontaneidad de los soberanos, y de los miembros de una élite burocrática colaboracionista con el orden establecido.
Además, el particularismo, sentimiento profundamente enraizados en los estados y entre los habitantes alemanes, celosos de sus derechos de autogobierno, impidió que la idea nacional unitaria alcanzase la difusión deseada por los nacionalista. El particularismo actuó siempre como un freno para favorecer la unificación.
Este panorama de pueblos y soberanos profundamente conservadores que hacían posible la pervivencia de estructuras socioeconómicas típicas del feudalismo, como la servidumbre, convivía con una importante tradición cultural, desarrollada por las universidades alemanas, bajo la actitud ilustrada de algunos principes alemanes, que alcanzó prestigio internacional. Estos círculos de intelectuales, profesores y estudiantes fueron los que más impulsaron y difundieron las raíces históricas y culturales del nacionalismo alemán. Bajo la influencia de la obra filosófica de Hegel, que concebía el Estado como una entidad preexistente que sobrevivía a los individuos, y de los principios nacidos en la Revolución Francesa, surgió un sentimiento nacionalista que pretendía la transformación de las instituciones políticas de la Confederación Germánica y de sus Estados.
Profundamente influidos por la Revolución Francesa, intelectuales y filósofos como Kant planteaban que no había más ley que mereciese obediencia que aquella que una voluntad autónoma se da a sí misma; o J.G.Herder padre del romanticismo alemán y de una doctrina sobre la nación, a la que veía animada de una fuerza inconsciente, que se muestra en las canciones populares, costumbres tradicionales y sobre todo en el idioma. Fuerza inconsciente que empuja a las “naciones caídas, naciones antes libres....saldréis de vuestro largo sueño”. Para los hegelianos, el estado era la concreción pragmática de esa fuerza inconsciente de la nación. Más radical que los anteriores, Fichte partiendo de una concepción filosófica típicamente kantiana discutía la legitimidad de la propiedad siempre que no estuviera destinada a cubrir uno mínimos vitales. Nombrado profesor de la Universidad de Jena, gracias a la influencia de Goette, ejerció una gran influencia sobre toda la cultura y los círculos liberales alemanes de su época.
Este ambiente nacionalista alcanzó la literatura, en la que destacaron los dramas idealistas de Schiller. Sin embargo, fueron escritores y agitadores populares los que más divulgaron entre la población alemana la idea de la unificación. Entre otros destacan el pastor luterano Arndt y Muller, que sin ser reaccionarios iniciaron la disociación entre la lucha por la unidad del pueblo alemán y su libertad e igualdad. Arndt reivindicaba, en un intento de materializar nuevamente el histórico Reich del Sacro Imperio Romano Germánico, la Flandes germánica, y Alsacia y Lorena.
Simultáneamente surgieron corrientes intelectuales que comenzando a teorizar en torno a la grandez alemana consideraban a su nación como aquella “en la que las cosas santas tienen razón de ser”. Aún Herder encontraba que Alemania estaba destinada a conducir a la humanidad, en virtud de su sólida y prestigiosa actividad cultural. El movimiento se radicalizó con el poeta Hölderlin el cual reclamaba en sus poemas:”Alemanes, convertíos en griegos y obtendréis una patria alemana”.

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