EUROPEAN HISTORY:¿PERDONAR, OLVIDAR?


Los infinitos crímenes cometidos contra millones de personas, y me viene a la memoria el exterminio llevado a cabo por los nazis, pero no solamente este, nos plantea la cuestión siguiente: ¿podemos perdonar? Para que pueda haber perdón es necesario primeramente que los verdugos pidan dicho perdón. Que presenten un arrepentimiento claro y sincero de aquello que llevaron a cabo y no tendrían que haber ejecutado. Pero, en segundo lugar, es que los interlocutores de dicho perdón sean los ofendidos, no sus hijos, ni sus familias, ni sus amigos. ¿Porqué? Porque solo el ofendido puede perdonar. Este es el argumento defendido por Vladimir Jankélévitch, un judío y miembro de la resistencia que perdió a casi toda su familia en los campos de concentración nazis. Jankélévitch nos dice que en el caso de los nazis no se reunen las dos condiciones ya que los verdugos nunca han manifestado su arrepentimiento, y en segundo lugar, es que solo las víctimas podrían conceder el perdón. La desaparición de estas víctimas hace que el perdón sea imposible. No es posible un perdón delegado ya que no es posible delegar en nadie comer, dormir, soñar, vivir.
Ahora bien, si que es verdad que todos estos procesos han de ser recordados para que la historia pasada nos sirva al presente y produzca los efectos benéficos y positivos sobre la historia futura. De ellos tenemos que extraer lecciones, sacar conclusiones y saber desconfiar de causas que producen casi siempre los mismos efectos en la historia.
Está claro que la historia no se repite nunca dos veces de la misma forma. un suceso no reaparece bajo la misma forma. Pero las condiciones de producción de determinados sucesos, el concatenamiento de determinadas causalidades, casi nos atrevemos a decir que producen una serie de leyes históricas. Cuando se hacen presentes dichos elementos obtenemos dichas reacciones. No son unas lyes tan exactas como las de la física, pero si que se aproximan bastante. Así, de acontecimientos como la miseria, la pobreza, el resentimiento, la pérdida de la dignidad, la elección de chivos expiatorios, la violencia, etc, surgen muchas reacciones en cadena.
La memoria del pasado hace posible la lucidez del presente, una concepción del mundo, una forma de entender y de inscribir los hechos que nos suceden.
Hace años nos anunciaron el fin de la historia, de las luchas y de los combates milenarios que de alguna forma manifiestan una cierta resistencia a la instauración de una verdad universal. Los conflictos, desde aquel anuncio, nos han estallado en la cara, y nos siguen estallando, sin percatarnos de las causas de todo ello.

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