HISTORY OF SPAIN: LA POBLACIÓN ESPAÑOLA


La población española, al igual que la europea, ha pasado a lo largo de su historia por una serie de etapas en función de los índices de natalidad y mortalidad. Durante el ciclo demográfico antiguo (Edad Media y Edad Moderna) el crecimiento se caracterizó por su lentitud y desigualdad, con índices muy elevados en el número de nacimientos y en el de defunciones.
En el ciclo de transición ( a partir de la segunda mitad del siglo XVIII) el crecimiento es continuo y ascendente a consecuencia de la disminución de la mortalidad infantil, al mismo tiempo que se mantienen altas las tasas de natalidad.
La revolución demográfica que tuvo lugar en Europa en el siglo XIX no tuvo lugar en España hasta bien entrado el siglo XX, que es cuando España entra en el ciclo demográfico moderno al disminuir las tasas de natalidad y las de mortalidad. Es este cambio demográfico lo que permitió que la población se duplicara. ¿Cúales son las tendencias actuales? Dichas tendencias se estudian en función de la mortalidad, la natalidad y los movimientos migratorios.
El retroceso de la mortalidad se inicia en España más tarde que en otros países desarrollados. Su evolución ha sido una tendencia sostenida a la baja desde principios del siglo XX, solo interrumpida en algunos brotes episódicos y anormales que provocaron elevados índices de mortalidad. La tasa bruta descendió por debajo del 30 por mil a partir de 1895, por debajo del 20 por mil desde 1924, y por debajo del 10 por mil en 1952. En la década de los ochenta tenía ya valores inferiores al 8, la cual dio al país una posición favorable en el conjunto de los países desarrollados con poblaciones más envejecidas y tasas por ello más altas. La tasa de mortalidad infantil descendió un 94,7% desde 1860 a 1980. La esperanza de vida al nacer era a principios del siglo XX de 34,76 años y en 1981 alcanzaba ya los 75,62 años. Las causas del retraso eran diversas. La mortalidad española estuvo afectada en la segunda mitad del siglo XIX por crisis de hambres que diezmaron la población. La insuficiente e inadecuada alimentación y el retraso con que se produjo el establecimiento de servicios públicos de higiene (abastecimientos municipales de agua potable, redes de alcantarillado, recogida de basuras,...) favorecieron la difusión de enfermedades y el desarrollo de epidemias. Además, no tenemos que olvidar los numerosos sucesos bélicos: guerras carlistas, guerras del período 1868-76, guerra colonial y guerra de Cuba y Filipinas en 1895-98. España terminó el siglo con una mortalidad fuerte (tasa de mortalidad 30 por mil, y mortalidad infantil 180 por mil). A partir de finales del XIX se produce una lenta disminución (más leve en 1917 por el proceso de gripe vírica) has la Guerra Civil. Los índices descienden mucho en la década de los años cuarenta y después más lentamente hasta hoy. El descenso de la mortalidad fue fruto de la acción combinada de progresos médicos, mejora de las condiciones higiénicas y sanitarias, y disponibilidad de mayores recursos. Los cambios han sido similares a los producidos en otros países desarrollados. Ha disminuido la mortalidad por enfermedades infecciosas, y respiratorias. En cambio han aumentado las producidas por cancer, enfermedades cerebrovasculares y accidentes. Las tasas de mortalidad son desiguales en relación al sexo (no ha cesado de crecer la sobremortalidad masculina), entre diferentes grupos étnicos, profesiones y espacios geográficos.
El descenso de la natalidad se inicia de forma lenta en la segunda mitad del siglo XIX, siguiendo, de nuevo, con retraso y de forma menos rotunda el movimiento a la baja que se había iniciado en la mayoría de los países europeos. A princiñios del XX la tasa era alta (33,9 por mil) y se va reduciendo hasta mediados de los 50. Pero el descenso no es uniforme: a) La Primera Guerra Mundial es el primer escalón de descenso y está relacionado con la salida de emigrantes que redujo la proporción de personas en edad de reproducirse, y con el empleo de los métodos de control de la natalidad que habían empezado a difundirse entre ciertos sectores, eso muy restringido, de la población. b) En la década de los años 20 las tasas se recuperaron por la prosperidad de la época.c) A partir de 1931 se produce un retroceso fuerte debido a la crisis de los años 20 que repercutió negativamente en los indicadores económicos. El retroceso continua con la Guerra Civil y no se produce la típica recuperación que siempre sigue a una guerra, y ello es debido a la mala situación económica de la posguerra española. En los años comprendidos entre 1956-64 se produce la recuperación (el baby-boom español). Esta coincide con la ruptura de la política económica de autarquía y del aislacionismo, y también con el inicio de una etapa de mayor prosperidad que provocó un aumento de la nupcialidad y por ello de la fecundidad y de la natalidad.d) Después continúa la tendencia a la baja acentuada en los últimos años. La tasa cayó por debajo del 20 por mil en los años 1966-70, fue inferior al 15 por mil en 1981 y en 1984 alcanzó el 12 por mil. El descenso de la fecundidad tiene cierto retraso en relación al resto de los países de Europa Occidental, pero su descenso ha sido más brusco. El umbral crítico de 2,1 hijos por mujer necesario para la renovación de las generaciones en las condiciones actuales de mortalidad se franqueó en 1981. En 1991 la tasa era de 1,2 la más baja del mundo. En los últimos años se ha recuperado un poco debido a la afluencia de inmigrantes.
En cuanto a los movimientos migratorios, el siglo XIX marca el inicio del período contemporáneo de las migraciones externas. Las direcciones fundamentales son al norte de África, a latinoamérica y a Europa. Pero España, tradicionalmente país emigratorio, desde hace años está recibiendo un volumen importante de población.

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