PHILOSOPHY TODAY"La existencia como "acto de ser"


Esta distinción -que el lenguaje mismo nos brinda- entre lo que las cosas son (esencia) y el hecho de que existen (existencia) es interpretada por Tomás de Aquino a través de los conceptos aristotélicos de potencia y acto: la esencia es potencia (puede ser o existir), la existencia es acto, es decir, actualiza esta capacidad de ser o existir que es propia de la esencia.La existencia es, pues, caracterizada como acto de la esencia. Ahora bien, a cada esencia corresponde un tipo de existencia determinada. Existir para un viviente es vivir, existir para un animal es sentir (es decir, tener vida sensitiva, ya que el animal se define como viviente sensitivo, ésta es su esencia), existir para un entendimiento es entender.
Esta circunstancia de que a cada tipo de esencia corresponde un grado distinto de existencia o ser nos obliga a ser cautos cuando utilizamos la palabra “existencia” en el contexto de la filosofía. Cuando hablamos normalmente de “existencia” solemos interpretar el significado de esta palabra de un modo unívoco: la piedra existe, el árbol existe, el animal, el hombre existen y esto significa para nosotros que podemos tropezarnos con ellos, que están ahí en el mundo. Para Tomás de Aquino, las proposiciones “la piedra existe” y el “árbol existe” no significan exactamente lo mismo, ya que existir es el acto de la esencia y la esencia del árbol y de la piedra son distintas. Por eso, más correcto que hablar de composición de esencia y existencia sería hablar de composición de esencia y ser. Y sería más correcto no sólo conceptualmente, sino también terminológicamente, ya que Aquino utiliza preferentemente las palabras “essentia” y “esse” (“esse”, es el infinitivo que equivale a ser). Debería pues hablarse de “ser” y de “acto de ser”.
El acto de ser se despliega, pues, en distintos niveles de perfección, en grados más o menos perfectos según las esencias que en cada caso actualiza: el acto de ser es más perfecto en un entendimiento que en un animal, en un animal que en una planta, en una planta que en una piedra. La perfección con que en cada caso se realiza depende de la esencia, de la potencia o capacidad de ser de ésta. Tomás de Aquino concluye de estas consideraciones que el ser de Dios no tiene limitación alguna, incluye toda perfección posible, ya que ninguna esencia limitada lo coarta: su esencia es su ser y es, por tanto, el Ser mismo subsistente.

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