EDITORIAL:DAR A CADA UNO LO SUYO


Hoy nos gustaría analizar la expresión “dar a cada uno lo suyo” Durante muchos años, incluso milenios, pareció que “lo suyo” del esclavo era el ser tratado a punta de látigo. Durante siglos, más adelante, “lo suyo” del obrero pareció ser un trabajo de sol a sol por un jornal de miseria. “Lo suyo”, pues, era hace tiempo algo distinto a lo que hoy creemos que es “lo suyo”. En la actualidad, vemos como el patialismo defiende como “lo suyo” la propiedad privada de los medios de producción.
Parece claro que el concepto de justicia no es innato ni inamovible; por el contrario, la justicia está lejos de ser una entidad científicamente determinable con rigurosidad. Su sentido va descubriéndose, con el correr del tiempo, por sucesivas aproximaciones, por tanteo y error, con toda modestia. Y, lo que es más llamativo, en medio de facetas y perspectivas a vecs contradictorias. Esto ha llevado a algunos a afirmar en la actualidad que el derecho es esencialmente un elemento de compañía, algo sin autonomía que la sociedad va modelando y adaptando a sus necesidades políticas: a política esclavista, derecho esclavista; a política capitalista, derecho capitalista, etc. Esta recibe el nombre de concepción positivista del derecho. Para esta concepción el derecho es tan sólo la norma puesta por el Estado, con independencia de si esa norma es moralmente buena o mala, si es nociva o no para la sociedad. Lo importante, en el positivismo, es la ley, lo que menos la ética de la ley.
En la misma dirección se mueven los pueblos que no han experimentado la influencia del derecho romano, en la medida en que para esos pueblos no romanizados la base de su ordenamiento jurídico, de sus leyes, es, en unos casos la tradición (es bueno lo que proviene de la tradición, sin pararse a pensar si la tradición es moral, justa ,etc) y en otros la religión (es bueno lo conforme a la religión, que se acepta sin análisis). En este último caso, por ejemplo, no hay frontera entre derecho-religión-moral-leyes sociales, y así ocurre que en el derecho musulmán, eminentemente regido por la religión, se incluyen deberes estrictamente religiosos.
Así pues, tanto en la concepción positiva de la ley, como en la musulmana, prima lo legal. Se trata del imperio de la letra, el dominio de lo escrito, o el dominio de lo oralmente transmitido: pero en esos casos el contenido de la ley es intocable. Quien hace la ley hace la razón, y no viceversa.
Si tal es en estos ordenamientos jurídicos la situación, por nuestra parte creemos, sin embargo, que hay en ellos una evidente exageración, junto a una no menos evidente parte de verdad. Aún reconociendo la continua modificación a que están sometidas las estructuras jurídicas, y aún aceptando que en muchas ocasiones no son más que simples legitimaciones o formalizaciones de sistemas políticos de muy diverso signo, pese a todo, no podemos decir sin más que el “dar a cada uno lo suyo” sea algo absolutamente dependiente de sistemas jurídicos en continuo cambio, sino muy al contrario un valor que se mantiene estable y absoluto pese a las perspectivas políticas opuestas de los diversos regímenes: el valor de lo justo, a la vez individual y comunitario, y con autonomía suficiente como para no depender de ninguna concreción de una manera absoluta, en la medida en que el tiempo va arrojando sobre él nuevas luces. Aun cuando ningún país del mundo realizase en su totalidad y perfección tal valor de la justícia, ésta seguiría incitando a su realización, y seguiría haciéndolo con urgencia.http://spainteacheroscar.podomatic.com

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