EL ACCESO AL TÚ


El tú es más difícilmente mostrable que los objetos del mundo inanimado. Muchas veces, no sólo el tú, sino también el yo, nos resultan total o parcialmente inabordables y la experiencia de la sociabilidad, tras fracasar, deja una estela de amargura y decepción tras de sí.
Según Ortega y Gasset es imposible establecer entre mi cuerpo (“lo visto aquí”) y el cuerpo del otro (“lo visto allí”) ninguna analogía, pues eso que llamamos mi cuerpo se parece poquísimo al cuerpo del otro. Casi se parece más el cuerpo de la otra persona al de algunos animales que también me son presentes desde fuera. Más aún, “en el caso de la mujer resalta especialmente la diferencia entre mi yo y el suyo, porque la respuesta de ella es ya, de por sí y sin más, femenina”. Imposible, pues, la transposición de mi cuerpo (irremediablemente masculino) al irremediablemente femenino de la mujer. Sin embargo, Ortega parece olvidar que la cuestión no es exactamente el buscar parecidos puramente fisiológicos o sexuales, sino de hallar los rasgos básicos para llegar al tú, lo que tal vez no se logre entre dos hombres con idéntica nariz aguileña, pero sí entre dos animales racionales. Por lo demás, hombre y mujer son parecidos anatómicamente, y entre ellos cabe y existe el diálogo.
Por su parte, Sartre afirma que el “otro” es siempre un objeto de la vista. En efecto, yo veo al otro de cara, de espaldas, desde arriba o desde abajo. Pero no puedo verme de igual manera a mí mismo, y por eso la experiencia propia es fragmentaria, nunca tan clara como la ajena. De ahí la soledad a que el hombre está obligado. Ahora bien, quizá no se trata de ver al otro con mayor perfección que a mí, sino de saber si hay un “nosotros” al que tanto el otro como yo vemos del mismo modo, y a partir del cual unas veces sobresaldrá el otro con mayor claridad y otras con menor claridad. Por lo demás, una combinación de espejos, como sabemos, puede entregarme la misma auto-visión que la que por su parte puede obtener de mí el otro cuando me ve de espaldas. El otro, pues, es para mí a veces objeto de mi vista, y yo otras veces soy objeto de la suya. Todo ello, en plano de igualdad.http://spainteacheroscar.podomatic.com

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