EUROPEAN HISTORY:¿QUÉ ES LA SOBERANÍA NACIONAL?


¿Qué entendemos por soberanía nacional? Por de pronto, se acepta universalmente la nación como tipo de unidad de organización política. Y bajo este concepto se han elaborado todo un arsenal de instrumentos conceptuales bajo los que nos movemos hoy en día. Ahora bien, muchos conceptos están directamente animados de una intención, no ya nacional, sino nacionalista.
Es curioso que en la idea de soberanía nacional que la Revolución francesa instauró en el continente europeo haya preocupado siempre más el aspecto de sobernía que el de nacional. El éxito de los revolucionarios al implantar la idea nacional fue tan fulminante que hoy, con plena conciencia de la situación que los precedía, nos llama la atención. El siglo XVIII fue muy cosmopolita: Voltaire y Montesquieu, Herder, Hume, fueron europeos que se movían libremente de país en país, ciudadanos de una invisible República que comprendía los hombres de letras de todo el continente. Las modas francesas eran seguidas de Madrid a Moscú; las costumbres inglesas se imitaban en París. La lealtad del hombre se debía al príncipe o a la localidad; el término nación era de poco uso y no coincidía exactamente con el sentido que tendría después. El francés se pensaba como normando, borgoñes o provenzal; el regionalismo era intenso. Y esto ocurría en países que venían viviendo políticamente unificados desde siglos atrás. Por lo tanto hay que suponer la debilidad del sentimiento nacional en Alemania, Italia y los pueblos cristianos de los Balcanes. Los alemanes e italianos pertenecían a una ciudad o a una región; eran venecianos o florentinos, sajones o suabos.
Y bruscamente todo cambia a partir de la Revolución con un efecto mágico. La doctrina de la soberanía nacional transfiere a la nación la sumisión que primitivamente estaba dirigida hacia el rey. La abolición de las distinciones de estamentos y de los títulos de nobleza, la nivelación de todos los individuos en el carácter de ciudadanos, la difusión de la idea de fraternidad laica y el sentimiento de que dondequiera el pueblo haría causa común contra los tiranos, todo contribuye a crear una nueva conciencia. La supresión por la Asamblea Nacional de las viejas provincias históricas de Francia (Bretaña, Normandía,..), la anexión de Aviñón, la erección del altar de la Patria en el Camjpo de Marte y la invención de la bandera tricolor son actos dirigidos al mismo fin que logran mucha resonancia. ¿Qué ha ocurrido? La Constitución de 1791 dice que la soberanía pertenece sencialmente a la nación, y ninguna parte de ella podrá atribuirse su ejercicio. En principio pareció entenderse con Rousseau que la nación era la suma de los nacionales, en una interpretación individualista. Pero pronto se fue imponiendo el criterio orgánico, y para la doctrina francesa la palabra “nación” denomina no ya una masa de individuos, sino la colectividad organizada de los nacionales en cuanto esa colectividad se halla constituida por el mismo hecho de su organización, en una unidad indivisible. En este sentido jurídico, la nación no es ya solamente uno de los elementos constitutivos del Estado, sino que es, por excelencia el elementos constitutivo del Estado en cuanto se identifica con él. ¿Cuál ha sido el proceso? Existía un monarca imperando sobre unos súbditos; cuando comenzó a combatirse la soberanía del rey se estimó que lo más práctico que podía hacerse era sustituirlo; había que colocar otra persona en lugar del rey. La Revolución francesa ligó nación y Estado en una unidad indisolube. La Francia del Antiguo Régimen era un conjunto de territorios históricos unidos sólo en la persona del rey. Luis XIV usó la voz “nación”, designando con ella un conjunto de hombres nacidos súbditos del rey de Francia, sin pensar ni por un momento que pudiesen formar un cuerpo por sí mismos y aparte de él.
Frente a esta concepción se erige la nación organizada, que ostenta la soberanía. No se trataba sólo de afirmar una posición, sino de contraponerla a otra preexistente, y por este origen polémico se explica que al hablar los franceses de soberanía nacional les interesara más subrayar el aspecto negativo de que ya no se trataba de la soberanía del rey que el ver positivamente que era, en efecto, la nación. Para no amenazar la unidad de acción deben desaparecer todas las antiguas divisiones de estamentos y rangos. Pero no sólo se afirma la unidad hacia dentro, sino que la oposición de fuera contribuyó extraordinariamente a acentuar el carácter dialéctico del proceso. Ahora bien, es con la era napoleónica cuando empieza a percibirse el sentido político de la nación. La soberanía de la nación da origen entonces a una forma personal de gobierno de un nuevo carácter. Los poderes del emperador son infinitamente más grandes que los de un rey del siglo XVIII, porque no se trata ya de un monarca que reina sobre un país, sino del agente de una nación. La persona del emperador aparece como ejecutora de la voluntad de la nación. Se inicia entonces una línea que más tarde va a ser explotada con éxito, con diversos matices, por Napoleón III y por los régimenes totalitarios.http://spainteacheroscar.podomatic.com

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