PHILOSOPHY TODAY: EL ACCESO A LA REALIDAD


La realidad es algo que todos conocemos, al parecer. El lenguaje cotidiano se encuentra cargado de expresiones que hacen explícita alusión a la misma: “en realidad”, “realmente”, etc. La realidad parecemos poseerla de tal forma, que ni siquiera nos preguntamos por ella. Preocupados como estamos por las realidades (salariom, trabajo, etc) apenas nos preocupa la realidad.
Y sin embargo, es un problema tan acuciante importante para la filosofía. En cierto modo, la realidad es algo que subyace y fundamenta las realidades; por ello se identifica con el fin último o sentido de la existencia. Otro sentido de la realidad, es decir, otra perspectiva desde la cual podemos enfocar la realidad, sería la de las ciencias particulares. Las ciencias, cada una de ellas, nos acostumbran a realizar grandes planteamientos; por oposición a preguntas tales como “cuál es el fin último del hombre”, o “por qué hemos de preguntarnos por la realidad”, comienza el científico por hacer profesión de modestia: se circunscribe a una pequeña parcela de su investigación y enfoca el problema de la realidad, con modestia, desde la perspectiva de su propio campo de trabajo. Esto no quiere decir que la realidad no le interese; por el contrario, lo propio de las epistemologías científicas es el querer permanecer en el interior de una reflexión sobre su propio campo de estudio, sin extraer de allí consecuencias desmesuradeamente grandes.
Entre la búsqueda de un fin último de la realidad y la epistemología científica limitada a sus pequeñas y parciales experiencias de laboratorio estaría una tercera modalidad de acceso a lo real, tal como se la plantean las epistemologías metacientíficas, las cuales parten de una reflexión sobre las ciencias y tienden a prologarla en una teoría general y las epistemologías paracientíficas que parten de una crítica de las ciencias para alcanzar un modo de conocimiento distinto del científico, en oposición a este, no ya como su prolongación.
¿Lo que vemos es la realidad? La realidad que “vemos” no es la realidad misma. Las realidades, los objetos que rodean al hombre tienen para este una independencia y una auotnomía total. Los objetos están tan seguros y en su sitio como el propio sujeto, a la vez que éste es un ser más de un mundo sin problemas. Puede creer el hombre que la silla que soporta su peso es de suyo, y desde siempre que la conoce, aldo dotado de color, forma y tamaño, y que el hombre en nada modifica a esa silla independiente y autónoma. Pero esto no es así. Forma, tamaño, olor, color, sabor, son así propiedades de las realidades, propiedades tales que existen con independencia del hombre que las tiene enfrente.

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