ECONCOMIC HISTORY: LA ECONOMÍA NECESITA LA ÉTICA


La economía necesita de la ética. Es algo tan obvio como que muchas veces no lo tenemos en cuenta. Pero además, la ética no viene dada por un conjunto de reglas elaboradas fuera del sistema -como sería la distribución igualitaria de la renta-, sino que debe integrarse en la vida diaria como un componente natural, interno. La ética es como la condición de equilibrio estable del sistema socioeconómico. Ella nos lleva a la conclusión de que hay conductas que acaban provocando la destrucción del individuo y de la sociedad; y esas conductas, aunque parezcan maximizadoreas del beneficio o de la utilidad, son negativas y han de rechazarse, porque inestabilizan el sistema, alejándolo de la consecución de sus metas.
Veamos un ejemplo muy sencillo: la prohibición de pisar el césped en algunos jardines públicos debido al efecto externo negativo que produce sobre los demás usuarios del parque. Es verdad que según algunos teoremas económicos, las consecuencias económicas serán las mismas si carga con el coste social una de las partes implicadas (los demás, soportando el césped deteriorado) o la otra (el peatón, dando un rodeo para no pisarlo). Pero los efectos dinámicos son distintos, y ésta es una diferencia importante. Si piso el césped y compruebo que esto no me reporta ningún coste (no me ponen multas, ni me censuran mis vecinos), he aprendido que puedo llevar a cabo otras conductas similares, descargando también los costes sobre los demás: dejar mi coche aparcado en un paso de peatones, no pagar en el autobús, y robar un televisor en unos grandes almacenes, y luego -quizá- hacer una estafa mayor. El aprendizaje procede por repetición de actos, y va alterando mi propia función de utilidad, de modo que mi conducta es posible que se desestabilice claramente.
Puede parecer esta conclusión algo extremada: probablemente no avanzaré mucho en mi cadena de egoísmos, porque la sociedad dispone de barreras para evitarlo. Nos encontramos primero con las costumbres y convenciones sociales. Cuando falla esta forma de defensa, la sociedad recurre a los medios coactivos (el guardia que pone multas a los que pisan el césped); pero cuando se entra en este terreno, los costes sociales aumentan y se reduce el bienestar de todos (porque el sueldo del guardia se debe pagar com impuestos). De ahí que las reglas éticas, aunque sean tan elementales como las de “no pisar el césped”, tengan una clara función de bienestar social.
Pero aún hay más. El aprendizaje tiene lugar no sólo por las conductas propias, sino también por las ajenas: si otros pisan el césped, ¿por qué no yo? Si otros aparcan el coche en doble fila ¿por que no yo? Y lo mismo con el robo, la estafa....¿Quién está seguro de que su conducta no provoca “efectos demostración” en otros? Resulta pues, que al pisar el césped estoy violando una pequeña regla cultural, cuyo contenido ético quizá no llegue a ver. No pasa nada, puedo decir, mientras no provoque un coste excesivo -concretamente, mientras el guardia no me multe-. Pero, con ello, estoy generando un proceso de aprendizaje -en mí y en los demás-, cuyos efectos pueden ser desestabilizadores. Y si no llegan a serlo será porque la sociedad dispone aún de barreras suficientes, o porque incurre en elevados costes sociales para detenerlos.http://spainteacheroscar.podomatic.com

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