ECONOMIC HISTORY:LA ECONOMÍA NACIONAL Y EL EMPLEO


La producción total de un país determinado no es más que la suma de las producciones de todas las empresas del mismo, y se obtiene con el volumen de capital existente, repartido entre todas ellas, y el empleo total de mano de obra de la economía. Un aumento de la producción total en una economía nacional puede llevar a un aumento de empleo. pero también, como ocurre en una empresa, la relación entre producción y empleo no es mecánica. Muchas veces los porcentajes de aumento de la producción han sido normalmente superiores a los del empleo, debido a que la productividad también creció.¿Cuáles han sido la políticas adecuadas para aumentar la producción de un país? En primer lugar nos encontramos con la política de demanda, cuyo objetivo es hacer que ésta crezca. Puede ser un medio para inducir un aumento en la producción global de la economía nacional, que a su vez produzca un crecimiento en el empleo. Este tipo de política fue puesto en práctica en los Estados Unidos por el presidente Roosevelt ya en los años treinta, como forma de combatir los altos niveles de paro que estaba provocando la crisis económica de entonces, y ha sido de hecho la política dominante en los países occidentales desde la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de la década de los setenta. Consiste básicamente en que el gobierno impulsa de forma directa la demanda global de la economía a través del gasto público, a la vez que favorece el aumento de la demanda de las empresas y las familias, creando las condiciones adecuadas para ello mediante las políticas monetaria y fiscal.
Efectivamente, una forma de hacer crecer la demanda global podría ser la puesta en marcha por parte del gobierno de un plan de inversiones públicas. A partir del aumento de los gastos públicos se pondría en marcha un efecto multiplicador, que generaría un aumento de la demanda global mayor que el que inicialmente hubiera hecho el gobierno. Con el aumento del gasto público se generarían directamente puestos de trabajo.
Pero, lamentablemente hay algunos obstáculos para que hoy los gobierno adopten una política de este tipo. En efecto, tales inversiones públicas tendrían que ser considerables para que tuvieran efectos apreciables sobre los altos volúmenes de paro existentes, y los presupuestos públicos de la mayoría de los países occidentales no están en condiciones de financiarlas.
Dichos presupuestos son, en general, muy deficitarios como consecuencia de las repercusiones de la crisis económica (aumento de las dotaciones para el subsidio del paro, de las pensiones como consecuencia de las jubilaciones anticipadas, dificultades para aumentar los impuestos en una situación de baja actividad, etc) y del crecimiento de otros gastos a causa de decisiones extraeconómicas.
La adopción de medidas destinadas a aumentar la demanda privada interna, esto es, la inversión de las empresas y el consumo de las familias, encuentra obstáculos aún mayores. Pongamos por ejemplo el caso del aumento del consumo. Para que el consumo real creciera sería necesario que los salarios monetarios lo hicieran por encima de la inflación, pues ellos son el determinante básico del nivel de consumo de una familia, y por lo tanto, de la economía nacional. Pero una política de este tipo chocaría con las necesidades que tienen las empresas de aumentar sus beneficios, fuertemente deteriorados por la crisis económica. Ningún gobierno de ningún país occidental permitirá una política de este tipo, porque entre sus objetivos está, precisamente, mejorar la rentabilidad de las empresas y que la inflación no se dispare.
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