ECONOMIC HISTORY: EL CRECIMIENTO DE LAS ACTIVIDADES DEL ESTADO EN EL SIGLO XX


El aumento de las actividades dl Estado en épocas de crisis económica es una constante de la historia económica del siglo XX. Pero en la crisis actual, y en Europa, el camino no es este. Pero dejando el análisis de la crisis actual, también observamos que las guerras han tenido una influencia muy importante en la ampliación de las actividades del Estado: la necesidad de organizar el esfuerzo bélico colectivo empujó a los gobiernos a ensayar fórmulas de dirigir la producción y de controlar precios y salarios, así como otras muchas intervenciones reguladoras, que más tarde persistieron en épocas de paz o que fueron aplicadas de nuevo con motivo de recesiones cíclicas. lo mismo ha ocurrido con los impuestos: los mayores esfuerzos fiscales exigidos a los ciudadanos por motivos bélicos han ablandado su resistencia al pago coactivo y a la contribución, y los han acostumbrado paulatinamente a altos tipos impositivos.
Lo ocurrido desde 1973, con motivo de la crisis del petróleo, no es una excepción. Las dificultades actuales han multiplicado las tareas de los gobiernos y han hecho crecer el gasto público en todos los países. Las subvenciones a un numero creciente de personas sin trabajo, las ayudas económicas a industrias en dificultades (ejemplo el sector del automóvil), los programas de inversión pública concebidos para dar empleo han aumentado los gastos del Estado en un periodo de estancamiento, e incluso de retroceso, de la producción total. Este esquema era el clásico hasta la situación actual, además, añadir que los gobiernos de la mayoría de los países occidentales intentaron hacer frente así a las crecientes responsabilidades que fueron asumiendo desde la Segunda Guerra Mundial. El mantenimiento del nivel de empleo, el crecimiento económico, la recuperación de regiones deprimidas, una política social extensa eran considerados hasta hoy día responsabilidad irrenunciable de los gobiernos, tanto por éstos como por sus votantes. Para financiar el mayor ritmo de gasto se tenía que aumentar los impuestos. Ahora bien, estas subidas se demostraron insuficientes y aparecieron déficits presupuestarios de cuantía importante.
Ahora bien el crecimiento de las actividades económicas del Estado no puede explicarse mediante las necesidades impuestas por circunstancias excepcionales, como las guerras, o por políticas anticíclicas en épocas de recesión. Estas actividades demostraron tener una gran inercia, una considerabe irreversibilidad, una tendencia de permanecer más allá de las circunstancias históricas concretas que justificaron su implantación. Entonces, ¿por qué tendió a crecer el peso del Estado? En principio no parece haber ninguna razón puramente económica para que los gastos del Estado crecieran más que la producción total: no había ninguna razón económica para que la demanda de bienes públicos creciera más deprisa que la demanda de bienes privados. La razón del crecimiento del gasto público por encima del crecimiento de la renta se encuentra en el funcionamiento de las instituciones públicas. Los gastos que más deprisa crecieron fueron los gastos de redistribución, aquellos gastos ligados a la transferencia de renta de unos grupos sociales a otros. En muchos países aun habiendo crecido la proporción de bienes y servicios públicos en relación al producto interior bruto, los gastos de transferencia o redistributivos crecieron el doble; en otros países se observó incluso un estancamiento de los gastos de provisión de bienes y servicios públicos.
Los gastos de transferencia están íntimamente relacionados con el proceso político, con las formas de funcionamiento del Estado. Los programas de gasto y de transferencias son utilizados por los gobiernos y las Administraciones públicas para ganar votos. Esto es perceptible por cualquier ciudadano que observe el desarrollo de una campaña electoral: las promesas que en ella se formulan a grupos específicos se acaban teniendo que cumplir para mantener su voto.
Por último anotar que es cierto que mayores gastos implican mayores impuestos; pero impuestos y gastos no se analizan conjuntamente, ni afectan igual a las mismas personas. Los grupos de productores interesados en una subvención, o los grupos de consumidores deseosos de transferencias y ayudas de todo tipo, o cualquiera que pida recursos al gobierno, piensa obtener un beneficio neto, porque el incremento de impuestos que sufrirá será menor que su incremento de ingresos. Pero esto, que puede ser cierto considerando aisladamente cada grupo peticionario o subvencionado, no lo es para el conjunto de la economía: el gobierno sólo puede dar a unos lo que obtenga de otros.http://spainteacheroscar.podomatic.com

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