SMALL BIOGRAHIES: KARL JASPERS


Nace en Oldenburgo en 1883 y muere en Basilea en 1969. Su vocación a la filosofía es tardía. Tras haber realizado estudios jurídicos primero y médicos después. De 1909 a 1915 trabajó como investigador en la clínica psiquiátrica de Heidelberg. A través de su interés por la Psicolog´´ia llega a la filosofía.
En los años del nazismo su profundo sentido universitario, sus actitudes enérgicamente reivindicadoras de la autonomía de la Universidad, de la libertad de investigación en ella, junto con el hecho de que su mujer era de origen judío, le hicieron sufrir los azares y angustias de una persecución que no llegó a ensañarse con él, pero que le llevó a vivir “situaciones límite” en las que se pregunto incluso por el sentido de la conveniencia del suicidio. De hecho fue “jubilado” en 1937 y no pudo ocupar de nuevo una cátedra hasta 1945. Desde 1948 vivió en Basilea.
Jaspers escribió obras filosóficas de gran envergadura. La más importante es la que se titula Filosofía (1932) que contiene sus tesis fundamentales. A Jaspers se le considera existencialista, pero habría que entender la peculiaridad de su existencialismo: Jaspers intenta, ante todo, como en el caso de Heiddeger hacer una Teoría de la realidad. Pues bien, esta teoría se diversifica, por así decir, según las tres posibilidades en que la realidad aparece y que son: a) lo existente en general, el objeto existente, el Dasein; b) lo existente para sí, la Existenz o conciencia, y c) lo que es en sí y no puede ser comprendido en las anteriores categorías, es decir, la trascendencia.
Cualquiera de los tres “apareceres” de la realidad puede ser punto de partida para describir el ser. Pero la descripción completa siempre es imposible. El intento por esta descripción no cesa y eso es la filosofía. Las distintas vías o intentos son diversas formas del Transcender, que se determinan (según los tres posibles puntos de partida) como: a) orientación en el mundo; b) esclarecimiento de la existencia y c) metafísica o lectura de cifras.
La primera forma del trascender es la que se centra en las cosas existentes, que es lo que caracteriza a las ciencias. La investigación científica no puede ser detenida por principio, pero tampoco concluida; no puede proporcionar jamás una imagen del mundo definitiva porque se mueve dentro de la escisión sujeto-objeto que la constituye estructuralmente. Y es el fracaso del conocimiento científico el “presupuesto”, por así decir, del giro del pensar que conduce más allá de la ciencia en general, hasta el esclarecimiento de la existencia. La segunda forma del transcender que se lleva a cabo sobre la conciencia, sobre el hombre mismo es lo que ha dado pie a los agudos análisis jaspernianos de las situaciones existenciales.
Pero el esclarecimiento de la existencia tampoco conduce a resultado alguno porque tal aclaración está carente de objeto. “Ni soy lo que conozco ni conozco lo que soy”. Caer en la mera subjetividad, autoconcebirse como puro ser-yo sería encerrarse de modo solipsista, reducirse a “Dasein que sólo quiere ser esto”. El hombre no es, sino que deviene. Y a la “libertad” apela el esclarecimiento de la existencia. Pues bien, la experiencia de su fracaso lanza a la existencia fuera de sí proyectándola hacia la trascendencia del ser incondicionado. Esta es por último la forma del trascender correspondiente a la metafísica que se reducirá en definitiva al intento de descifrar la impenetrable condición de lo en sí. Desciframiento, porque lo incondicionado sólo habla en cifras. Y es el fracaso mismo de la cifra de todas las cifras.
Por eso la potencia (o carácter revelable) del origen trascendente del ser no es nada si se ve desligado de la existencia. Entenderla como conocimiento objetivo sería craso error.
Es indudable que la filosofía jaspersiana está condicionada por un talante que podría decirse escrutador de los signos del tiempo histórico presente.

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