PHILOSOPHY TODAY: RAÍCES ANTROPOLÓGICAS DEL PENSAMIENTO AGUSTINIANO


El pensamiento agustiniano arranca de una llamada a la interiorización:”no salgas fuera, vuélvete a ti mismo; la verdad habita en el hombre interior” (Acerca de la religión verdadera). El punto de partida para la búsqueda de la Verdad no se halla pues, en el exterior, en el conocimiento sensible, sino en la intimidad de la conciencia, en la experiencia que el hombre posee de su propia vida interior. En idéntico sentido apunta la siguiente afirmación: “si quieres saber dónde encuentra el sabio la sabiduría, te responderé: en sí mismo” (Contra Académicos III).
Esta exigencia de interiorización posee, sin duda, resonancias platónicas y neoplatónicas. Tanto en el neoplatonismo como en San Agustín, la interiorización, el replegarse sobre sí, es el punto de partida de un proceso ascendente que lleva al hombre más allá de sí mismo. Si al volverte hacia ti mismo, añade San Agustín, “encuentras que tu naturaleza es mutable, trasciéndete a ti mismo; pero no olvides que en este trascendimiento es el alma raciocinante quien se trasciende; tiende, pues, allá donde se enciende la luz misma de la Razón”. El proceso que lleva al hombre más allá de sí mismo es, pues, un proceso de autotranscendimiento.
Pero, ¿cómo es posible que el hombre vaya más allá de sí mismo, trascendiéndose?  A través de todo este proceso. El primer paso consiste en que el hombre constate que su propia naturaleza es mutable y que, a pesar de ello, encuentra verdades inmutables en sí, verdades que, por tanto, poseen caracteres superiores a la naturaleza del alma. He aquí, pues, algo, las ideas, que el hombre encuentra en sí y que, sin embargo, son superiores a él.
No es difícil reconocer en este proceso la influencia de la doctrina platónica de las Ideas. Como Platón, San Agustín reconoce que las ideas que son auténtico objeto de conocimiento son inmutables y necesarias. Como Platón, San Agustín asigna un lugar en este reino inteligible a las ideas de orden lógico y metafísico (verdad, falsedad, semejanza, unidad, etc), a las ideas de orden matemático (números y figuras) y a las ideas de orden ético y estético (bondad, belleza, etc). Como Platón, San Agustín reconoce que, dada su necesidad e inmutabilidad, las ideas no pueden tener su fundamento en el alma humana. Siguiendo los desarrollos del platonismo, San Agustín sitúa el fundamento y lugar de las ideas en la mente divina, en Dios, realidad inmutable y Verdad absoluta. He aquí el segundo momento en el proceso de autotranscendimiento, el que lleva al hombre hasta la Verdad absoluta, más allá de sí mismo:”las ideas son formas arquetípicas o esencias permanentes e inmutables de las cosas, que no han sido formadas sino que, existiendo eternamente y de manera inmutable, se hallan contenidas en la inteligencia divina” Acerca de las ideas).
Las ideas están, pues, en Dios como arquetipos o modelos de las realidades mutables. ¿Cómo conoce el hombre, el alma humana, las Ideas? San Agustín ha respondido a esta pregunta por medio de su teoría de la Iluminación. Según esta teoría, el alma conoce las verdades inmutables por una iluminación divina. La teoría ha dado lugar a las más diversas interpretaciones. Algunos han pretendido ver en ella una postura ontologista (el ontologismo es aquella doctrina según la cual el entendimiento humano ve las verdades en Dios). Esta interpretación no parece aceptable, ya que San Agustín insiste en que el alma conoce las verdades en sí misma. Seguramente tal teoría agustiniana ha de interpretarse en función de la filosofía platónica. En ella, se hallan presentes tres importantes elementos de la tradición platónica: 1) la comparación utilizada por Platón en la República, según la cual la Idea de Bien es como el Sol del mundo inteligible. (Al comparar la Idea de Bien con el sol, Platón quería decir que así como el sol, al iluminar las cosas, las hace visibles, es decir, hace que las cosas puedan ser vistas, el Bien ilumina las Ideas haciéndolas inteligibles, es decir, haciendo que puedan ser entendidas); 2) el neoplatonismo situó las Ideas en la mente divina; de ese modo, la función iluminadora viene a corresponder a Dios, a la mente o Verbo divino; 3) el neoplatonismo había establecido un escalonamiento de lo real desde Dios a la materia, conforme al principio de plenitud. San Agustín acepta este escalonamiento juntamente con el principio de plenitud y, de acuerdo con él, insiste en que la parte superior del alma, el espíritu, está en conctacto con Dios, aunque su parte inferior esté en contacto con el cuerpo, con el mundo sensible: el alma es “vecina de Dios” (Esta expresión la encontramos ya en Plotino el cual la utiliza para la “vecindad del alma respecto de lo que es superior a ella”). Esta vecindad explica que la Iluminación sea algo perfectamente y acorde con la naturaleza humana.

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