HISTORY OF SPAIN:OBJETIVOS DEL VOTANTE


¿Qué objetivos tenemos los votantes? Los votantes, en términos de racionalidad económica, consisten en hacer máxima la diferencia que hay entre los beneficios posibles de su actuación como elector y los costes en que debo incurrir para llevarlo a cabo. Las ganancias derivadas de mi voto están en función de que pueda orientarlo hacia un resultado que mejore la satisfacción de mis necesidades individuales. Los costes, en términos de tiempo y dinero, vienen dados por la cantidad y calidad de la información que el elector esté dispuesto a adquirir antes de emitir su voto.
Una vez ha decidio participar en el proceso electoral, el ciudadano debe determinar a qué partido político va a prestar su apoyo. Ello supone la obtención de la información adecuada, más allá de la que todo el mundo obtiene gratuitamente por el hecho de vivir en una comunidad determinada.
A primera vista podríamos suponer que el votante deseará obtener la mayor cantidad posible de información. Eso sería cierto si su adquisición no le impusiera coste alguno, pero no es el caso. Por otro lado, dado el número de personas que pueden acudir a las urnas, la probabilidad de que un voto individual sea decisivo para el resultado final es muy pequeña, prácticamente nula.
El acierto o el error en la votación no suele subordinarse a una cuestión de satisfacción personal, que se obtiene mediante la cesión del voto al partido que mejor defiende los intereses del votante. Para un sujeto cualquiera, la cesión de su voto al partido más adecuado para sus intereses carece de utilidad práctica si éste no gana las elecciones. Habría obtenido el mismo resultado aunque su voto no se hubiera orientado en la dirección correcta.
Las posibilidades decisorias de un voto ponen en cuestión la utilidad de los esfuerzos que hará un votante concreto para procurarse una información muy completa. Si a esto se añade la posibilidad de que las posiciones de los partidos en cuestión estuvieran relativamente próximas, en caso de que cada uno intentara de ese modo la captación de la mayoría electoral, las pérdidas derivadas de haber votado al perdedor serán mínimas. En unas elecciones con estas características, los incentivos del votante para informarse bien son muy reducidos. En definitiva, no corre grandes riesgos dependiendo del resultado electoral.
Por lo tanto, el votante, si sigue una conducta racional, no tratará de obtener más información política con objeto de decidir su voto. Ello es debido a que el factor relevante para el sujeto no es el acierto en la elección de partido, sino la probabilidad de que su voto determine el partido vencedor de las elecciones. Como esa probabilidad es pequeña, en presencia de un gran electorado, incluso el mínimo coste de procurarse información política será superior a las ganancias que espera obtener con la utilización de la misma. Por lo tanto, su conducta racional consiste en adoptar una actitud pasiva ante las informaciones de tipo político.

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