HISTORIA DE ESPAÑA: DEBATE EN ESPAÑA SOBRE LA GUERRA DE CUBA

El enfrentamiento entre España y Cuba, que culminó con la independencia de ésta, fue un proceso que se registró en forma bélica entre 1868 y 1898 en tres ocasiones: la Guerra Grande (1868-1878), la Guerra Chica (1879-1880), y la Guerra de Independencia (1895-1898).

La negativa del gobierno de la Metrópoli a aceptar las peticiones del movimiento liberal cubano, formado por una burguesía criolla, de corte reformista que solicitaban un cierto grado de autonomía para gestionar en su propio territorio asuntos administrativos, precipitó la insurrección que inició Carlos Manuel Céspedes a la que se incorporó la población mulata y negra de la isla. El general Martinez Campos, "El Pacificador" logró firmar el Tratado de Zanjón de 1878, por el que se hacen concesiones a la colonia, entre las que destaca la abolición de la esclavitud, la obtención de cierta autonomía de Gobierno y representación en las Cortes Españolas.

Los deseos de los sectores independentistas, aglutinados en torno a la figura de José Martí, desembocarían en la Guerra Chica de 1879-80, fácilmente resuelta a favor de España. Pero la denominación generalizada en la historiografía como "Guerra de Cuba" se refiere a la tercera guerra que se inicia en 1895 en el momento en que ya estaba decidida la guerra a favor de la colonia. El factor político decisivo puede considerarse la intransigencia de los sectores peninsulares que rechazaron el Plan de Reformas Coloniales de 1893 de los moderados, que pretendía dotar de mayor autonomía a Cuba. El rechazo de la Cámara española a este plan provocó el estallido de la tercera guerra contra España dirigida por José Martí y los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Sólo el Partido Socialista Obrero Español se opuso a la guerra, propagando la consigna de "que fueran todos o ninguno", que hacía referencia a que la mayoría de los jóvenes soldados españoles, llevados por la fuerza a morir a Cuba, eran de origen humilde y no podían librarse del servicio militar al no tener recursos económicos con los que pagarse un sustituto. A la vez, en la posición de este partido se decreta un principio de ausencia de intromisión en la cuestión nacional cubana. Los grupos libertarios también se opusieron a la acción bélica y personalidades políticas como Pi i Margall, representante del federalismo que siempre se opuso a la guerra, llegando a reclamar la independencia de Cuba. Las figuras intelectuales como Miguel de Unamuno y Joaquín Costa también se manifestaron antibelicistas.

Los conservadores de Cánovas mantuvieron una postura de apoyo a la oligarquía cubana y los grupos empresariales peninsulares que mantenían sustanciosos negocios en la isla. Este grupo se oponía a cualquier cambio político y pretendía mantener la relación de explotación colonial.

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